inocencia

para ti

¿Que mas da soñar, que vivir despierto?, si cuando duermo sueño contigo y cuando despierto eres mi sueño.

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La reacción frente a la pérdida de la persona amada, podría mostrarse aún siendo evidente para el que la padece como una de las causas principales de la melancolía, cuando él sabe a quién perdió, pero no lo que perdió en él, esto nos llevaría a referir de algún modo la melancolía a una pérdida del ser amado despojada de la conciencia.

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La melancolía se digiere en lo anímico por una desesperanza profundamente entristecida, una interrupción del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la renuncia de toda creatividad y una devaluación en los sentimientos que se expresa con reproches y la denigración de si mismo.

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Llegando al extremo desequilibrado de una expectativa de auto-castigo, generando la perturbación de los sentimientos, el proceder frente a la pérdida de la persona amada, invade al sujeto con un carácter atormentado en todo lo que no recuerde al amor perdido, la pérdida de la capacidad de escoger un nuevo amor, el confinamiento respecto de cualquier trabajo productivo que no tenga relación con la memoria del ser amado.

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Fácilmente se advierte que esta renuncia y esta parálisis del “yo” enuncian una entrega incondicional al sufrimiento que nada deja para otros proyectos y otros intereses, el sufrimiento como mecanismo de defensa, concluye estableciendo un análisis contundente de la realidad, terminando por aseverar que el ser amado ya no existe más, y de él emana ahora la exhortación de quitar toda libido de sus enlaces con ese amor.

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A ello se subleva una evidente renuencia, todo ser humano se opone al abandono (de buen grado) de una situación libidinal, ni aún cuando otra situación sustitutiva brote a su alrededor, esa renuencia puede adquirir tal energía que produzca un destierro de la realidad y una custodia del ser amado, vía de una psicosis alucinatoria de deseo.

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Lo estereotipado es que termine preponderando la sumisión a la realidad, entrando en un proceso de ejecución segmento a segmento con un desgaste de tiempo y energía para admitir lo perdido, entretanto la existencia del amor perdido continúa en lo psíquico, cada uno de los recuerdos y cada una de las expectativas en que la libido se enlazaba al ser amado son aislados, y en ellos se consuma el abandono del yo deseo.

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En esa operación de compromiso, que es el ejecutar segmento por segmento el mandato de la realidad, la duración en el tiempo resulta extraordinariamente dolorosa, y lo capital es que nos parece natural este desagradable dolor, pero de hecho, una vez cumplido con su trabajo el sufrimiento, el “yo” se vuelve otra vez libre y desinhibido.

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Sólo me queda pensar que la inhibición melancólica nos impresiona como algo enigmático porque no acertamos a ver lo que absorbe tan enteramente al que la padece, el melancólico muestra una extraordinaria rebaja en su sentimiento, un enorme empobrecimiento del “yo”. No atribuye que le ha sobrevenido una alteración, sino que extiende su autocrítica al pasado perdido, asevera que la culpa es suya.

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El cuadro se completa con el insomnio, la reprobación del alimento y un decaimiento intenso psicológicamente, alejándose de la fuerza que acompaña a todos los seres vivos para agarrarse a la vida, hasta superada la situación.

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Obviamente si el planteamiento lo hacemos desde la perdida en un ser profundamente enamorado, ahora bien; si se trata de romper la cama, después de rota los gastos a medias.

para ti

¿O no? ¿Pues eso?

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