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Siempre en momentos de profunda reflexión, aparece ese revoltijo de  traspapelados recuerdos, que da como resultado aquel pasado que fuimos, aflorando los sentimientos impregnados de esa nostalgia que te transporta en el tiempo, para escenificarlos de nuevo, hasta que la realidad en su perversa crueldad baja el telón dándose por finalizado el sainete.

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De regreso a la realidad quedas sumergido en una amalgama de contradicciones, angustia por lo perdido, segmentos de culpabilidad por no poder evitar como se desploman los demás ante tus ojos, vislumbrando en sus miradas angustias que resultan tan familiares, en esos momentos es cuando observas desde el escenario de tu vida; el patio de butacas vacío.

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La voluntad de servir y ese beneplácito impúdico con que ciertos humanos aclamamos nuestra esclavitud, es desde un punto de vista racional más que preocupante, máxime cuando ni las propias bestias esclavizadas por el hombre para servirlo jamás permitieron su doma sin rezongar.

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Quizás se trate de un vicio arraigado en el ser humano para el cual ningún vocablo pueda ser acertado, por no concurrir ninguno lo suficientemente miserable, claro que hay otra clase de hombres, ese estilo inconfundible de los que se llaman demócratas en los arrabales de las grandes ciudades, traje cruzado predilectamente a rayas, medias blancas, y en uno de sus dedos un colosal y reluciente anillo, puñetazo en la barra del bar como reclamo al camarero y, la amenaza su estandarte “cuidado conmigo”

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Resulta realmente increíble con que rapidez basándose en cuatro mentiras y promesas que no piensan cumplir, vociferadas por la megafonía en un mitin, baste para que el pueblo se torne vasallo, obedeciendo de forma voluntaria y con una facilidad pasmosa mediante el voto, designar su amo para los próximos cuatro años, es en esos momentos cuando uno piensa que no hemos perdido la libertad, sino que hemos ganado nuestra esclavitud.

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Ósea, que va ser verdad que el que nace pobre y feo, tiene inmensas posibilidades de que al crecer se le desarrollen ambas cualidades, o lo que es lo mismo que decir; pez que lucha contra la corriente muere electrocutado, claro que siempre queda el consuelo de saber que nadie es absolutamente inútil, ni siquiera los gobiernos al menos siempre pueden servir de mal ejemplo, pero no nos preocupemos demasiado, en este mundo lo importante no es ganar, es mucho mas importante hacerle perder al otro.

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¿O no? ¡Pues eso!