LA MANO DE ALEXIS

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La sociedad española esta en pleno divorcio con los valores tradicionales, el aumento de la drogadicción, la promiscuidad sexual, la rebelión en las aulas, alumnos maltratando a sus profesores y profesoras, las pandillas urbanas enfrentadas ferozmente en las calles con gravísimos altercados que incluso se cobran la muerte de algún integrante, el abuso de menores, la violencia doméstica, la prostitución, robos, bandas organizadas, el deterioro del concepto "familia" son indicativos mas que suficientes como para poder afirmar que esta sociedad pasa por una crisis moral de enormes dimensiones.

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Si nos remitimos a la historia podemos afirmar que uno de los factores que contribuyeron a la destrucción de las antiguas sociedades, sírvase como ejemplo el imperio romano, fue la lujuria inmoral, podría ser que estuviéramos en el preludio de una decadencia tan trascendental, es obvio que la sociedad española esta entregada al libertinaje occidental.

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La sociedad española ya no dispone de un claro concepto del bien y del mal, ahora ya cada cual puede hacer lo que le venga en gana, situaciones que hace unos pocos años atrás hubieran escandalizado a cualquiera, ahora reportan pingües beneficios, hoy en España parece que todo el mundo se esta desnudando y utilizando el sexo como técnica de venta de si mismo.

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Hoy en este país se nos bombardea desde todos los ángulos con imágenes sexuales, la pornografía se ha instalado con fuerza en la televisión libremente y al alcance de todo aquel que lo desee, es decir, en la mayoría de comunidades autónomas de este país, en la noche se emite pornografía en abierto, sin ningún tipo de filtro que evite el acceso a menores, ya que es rarísimo en este país, el niño que no dispone de su propio televisor en su dormitorio.

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Podríamos convenir que en la red (Internet) también es otro medio para acceder a estos contenidos, pero con la salvedad de poder instalar un control parental que evite el acceso indiscriminado de los menores, no hace demasiado tiempo los homosexuales y lesbianas convivían con toda normalidad desde un plano que la sociedad española admitía sin demasiado rubor.

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Hoy en esta vorágine de inmoralidades, el colectivo homo-lésbico ya no solo se conforman con haber logrado un reconocimiento razonado y la ley que les reconoce como parejas, (que un servidor apoyó en su momento por mi tendencia por las libertades), no, ahora se exceden en las calles y paseos delante de los menores y, líbrense ustedes de hacer comentario alguno, te vilipendian gritando con excesivo encono ¡eres un jodido homófogo!, pareciera que los minoritarios fuéramos los heterosexuales.

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Pues miren ustedes, no, yo no soy homófogo, lo que no admite mi educación es la depravación en plena calle, y admito como algo normal los sentimientos y condición sexual de cada ser humano, pues entiendo que es licito y respetable, pero permítanme opinar que no es necesario vestirse de carnaval con tacones y pestañas postizas para entregar el amor a otro ser de igual sexo, creo sinceramente que la sexualidad de cada cual no debería; ni tener que estar en el ostracismo, ni en el divismo exagerado y de mal gusto.

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¿O no? ¡Pues eso!