LOS SUEÑOS DE ALEXANDER (22)

 

 

Para las visitas que reparen en leer estas entradas sobre los sueños de Alexander, es recomendable comenzar por el orden en que numéricamente están establecidas

 

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*A pesar de la gravedad, el inicio de un leve cambio de trayectoria en el devenir de la situación del enfermo, dejaba vislumbrar una esperanzadora mejoría, Alexander, comenzaba a ganar su particular cruzada con la muerte, veinte días, bastaron para el restablecimiento parcial del herido, durante su convalecencia, esa exclusiva fantasía, aderezada del ímpetu heredado de su padre, le mantenían en una quietud, temerosamente inquietante, era otro ser, aquel suceso había cambiado al  joven, por el hombre que ahora, ordenaba, y se erigía en el estratega de los próximos sucesos que habían de llegar, el que se creía su abuelo paterno, Don Federico Miranda, hombre bien relacionado y con cierto poder en los tribunales por su condición de político y abogado, intentó convencer a Carolina, para que le permitiera emprender medidas legales, que a buen seguro conseguiría, así tuviera que solicitar el apoyo de favor en las altas esferas, pero Alexander, le prohibió tajantemente, iniciar acción judicial alguna, contra los autores de los hechos acaecidos, el mismo se reservaba el exquisito placer, de hacerse justicia por su propia mano.

 

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*Carolina, su madre, al oírlo hablar así, con esa espeluznante mirada en sus ojos de vidrio quebrado, emitiendo intensas cargas de odio, por cada uno de sus fragmentos, una sacudida le estremeció el alma, repitiéndose; una, y otra vez, un intimo y espiritual compromiso, !!tu, serás mi padre!!, pero nuestro duelo ahora ya, !!es a muerte!!; será entre tu y yo, pero no dejare que mates a mi hijo.

 

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*Antes de restablecerse Alexander Miranda, definitivamente curado de su herida, la guerra civil había detonado en el país, con signos de terror y destrucción, estaba llegando a la sierra de Madrid, Lucho el comanche, con una enorme cicatriz que desfiguraba aún mas su nauseabundo rostro, provocaba arcadas, a todo aquel que osaba mirarlo, siguiendo las ordenes de su amo, Don Luís Ruiz, había provisto de armas a todos sus secuaces.

 

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*Los hispanos se habían armado también, a la espera de que Alexander completamente sanado de su herida, estuviese en condición de colocarse a la cabeza del numeroso grupo que formaban, esto aconteció rápido, y todos sin excepción, reconocidos sus conocimientos tácticos, asimilados en sus años en la Escuela del Ejecito, lo encumbraron como el jefe que los llevaría al éxito, que diera lugar a la tan anhelada venganza, demasiado tiempo reprimida, en sus corazones.

 

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*Aprovechando el desconcierto reinante en todo Madrid, como fruto del estallido de la guerra civil, Lucho el comanche, y su numerosa banda con Don Luís Ruiz a la cabeza, perpetraron un ataque por sorpresa en el barrio donde se concentraban los hispanos, consumando las peores tropelías, linchando a todo ser vivo que se pusiera en su camino, niños, ancianos, y mujeres indefensas, gracias a la reacción ágil y precisa de las milicias de Alexander, pronto fueron puestos en fuga, reculándolos hasta la casa maldecida de Don Luís, donde se podía observar, encima de uno de los muros del jardín, su hermana Doña Pilar Ruiz, cada vez mas perturbada, oteando los acontecimientos de la batalla.

 

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*La casa fue sitiada, los Ruiz, y sus adeptos, acosados en su madriguera acrecentaban su crueldad, amenazando con sacrificar a Lorena, recluida y olvidada, con el único sustento de agua, y pequeñas porciones de pan duro, que  como acto de bondad le solían conceder, entre tanto, Alexander, habían dispuesto grupos apostados, vigilando puertas, y cualesquier posible salida de la casa, el resto del total de la milicia hispana,  se congregó en la parte trasera frente a los muros del jardín, el coche de Carolina Ruiz, irrumpió en el lugar,  estacionando en las mismísimas  puertas, de la que en otros tiempos fue su casa, su tía al verla, con la voz ahorcada por el odio, le grito, ¿vienes en nuestro socorro?, no precisamos nada de quien reniega de su propio abolengo, ¡vete!, gritaba, con la comisura de la boca salivando espuma, y los ojos inyectados en sangre, mirando desesperada en todas direcciones, como inquiriendo que alguien disparara contra  ella…….

 

 

 

¿O no? ¿Pues eso?