LOS SUEÑOS DE ALEXANDER (15)

 

Para las visitas que reparen en leer estas entradas sobre los sueños de Alexander, es recomendable comenzar por el orden en que numéricamente están establecidas  

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*En el centro de la habitación, sobre una mesa, vestida de paños rojos con orlas de oro, yacía el cadáver de José Carlos Miranda, en cada uno de los lados de la mesa, un solemne candelabro de metal dorado, con velas encendidas, magnánimas coronas, ramos, y flores esparcidas lo rodeaban, próximo al difunto un cacharro de plata, mediado de agua bendecida, donde los asistentes que llegaban, impregnaban  sus dedos para santiguarse.

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*La impavidez del cadáver era majestuosa, parecía estar durmiendo, en sus manos, entrelazados sus dedos sobre su pecho, sujetaba un crucifijo nacarado, por las ventanas entreabiertas, entraba un soplo de paz, llegada de las altas nirvanas sosegadas, el olor de las flores que rodeaban el féretro, se mezclaba con el aroma de los rosales, los eucaliptos, y otras variedades del jardín de la casa, que el viento se encargaba de acarrear en finas ondas cariñosas, esa ligera brisa, sesgaba la luz de las velas, como si buscasen los labios del fallecido, para entregarle un difuso beso de luz.

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*Carolina y su hijo, sentados cerca del ataúd, y el resto de asistentes reposados en un casi circulo doble de sillas, tan solo interrumpido por el hueco de la mesa que sujetaba el cadáver, el silencio era absoluto, habiendo concluido el rezo de respectivos rosarios, que las mujeres habían agotado, los asistentes al duelo se miraban componiendo caras de dolor, que en su gran mayoría dramatizaban con exagerado rigor.

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*Lorena se acerco a Doña Carolina, como ella le llamaba, brindando sus servicios por si se les ofrecía alguna necesidad, Carolina, abrazando a la muchacha, después de besarla delicadamente la invito a sentarse a su lado, Alexander, al observar la figura de Lorena, quedo como hipnotizado, y solo le provocaba mirarla, la excitación de la belleza que se desprendía de ella, era tan fascinante, que todos parecían comérsela con la mirada, nadie la conocía, y pronto fue para todos una incógnita, deseosos de resolver,  ¿quien podría ser aquella criatura tan hermosa?, que se mostraba ante todos en aquella situación de tragedia, el destino pareció decidir en su capricho, aliviar el dolor con la presencia de aquella diosa.

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*Alexander, entrecerró los ojos, como ambicionando encarcelar en ellos la magnificencia de aquella fantasía, Carolina, acariciando mimosamente la cabeza de Lorena, notando el impacto que en Alexander había causado, dirigiéndose a su hijo le pregunto, ¿qué te parece Lorena? la joven, sonrojada inclino la cabeza con la exquisita languidez con que lo hace un nenúfar, Alexander, ensimismado quiso balbucir algo, su tono de voz desnudaba un temblor de cadencia, que vibraba en sus labios………..

 

 

¿O no? ¿Pues eso?