LOS SUEÑOS DE ALEXANDER (10)

 

Para las visitas que reparen en leer estas entradas sobre los sueños de Alexander, es recomendable comenzar por el orden en que numéricamente están establecidas

 

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*Para nadie en las familias y amistades de ambos era ya un secreto, el amor de Alexander por Carolina Ruiz, había excitado un Interés conmovedor, sobre todo en las voluntades más frágiles de las damas, que se sublevaban en el mutismo de sus almas, frente a ese egoísmo atroz, que inmolaba dos vidas a la exigencia brutal del Interés.

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*Los ecos de la ira agrupada, de los fieles seguidores de Alexander, alcanzaban en forma de advertencias y malas lenguas la casa de Carolina, situación que indignaba a Don Luís Ruiz, ante esta intromisión osada de extraños en los asuntos de su familia, pero ante comentarios que aseguraban la disposición de Alexander de abordar la casa y llevarse a su hija, no cesaba de instigarse y estar al acecho para impedir por el camino que fuera, con la muerte si llegado el caso así obligara, antes  que Alexander y sus amigos consumaran sus intenciones.

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*El Padre de Carolina duplico la guardia, y preparo sus perros de presa, como en los tiempos de antiguas cacerías de hombres, no era Don Luís de los que vacilaran ante sus decisiones, por eso todos empezaron a temer por Alexander y, a cuidar por el, la primera en hacerlo fue Carolina siempre atenta a la amenaza y vigilante de los movimientos de su padre, así fue como se entero de que uno de los mas fieles operarios de su padre había recibido ordenes de apostarse en el parque, en lugar y a las horas de costumbre que solían verse los dos enamorados, Rogelio que así se llamaba el fiel servidor de Don Luís, tenia orden de disparar a la menor oportunidad que se le brindara.

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*Carolina temerosa de lo peor, se apresuro a trasmitir sus temores a aquel que mas le interesaba, esa tarde cuando Alexander caminaba al encuentro de Carolina, la sirvienta habitual y cómplice de ambos, salio de entre los follajes balanceantes del paseo, como si de una posesa se tratara para entregarle una carta y desaparecer invadida por el miedo a ser descubierta, eran solo unas letras, “No transitéis por el camino de costumbre os acechan,  dar la vuelta y aparecer por la parte trasera del jardín de mi casa”, Alexander la llevo con religiosidad a sus labios y la besó, después la colocó entre su ropa y su corazón.

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*Siguiendo las instrucciones recibidas, Alexander resolvió acercarse hasta el muro del final del jardín, tal y como se le había indicado, allí una pequeña puerta de chapa pintada en color verde le esperaba entre-abierta, y la mano de Carolina invitándolo a pasar, ella invadida por el miedo no cesaba de mirar en todas las direcciones, hasta comprobar que nadie los había visto, cubiertos por la parte mas frondosa de los viejos árboles, nadie podía verlos ya.

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*Alexander rebosante de una comprometida turbación, le tomo las manos, y ella se las dejo oprimir temblorosas, sus cuerpos se acercaron hasta tocarse, y como sacudidos por una chispa inflamada, una misma frecuencia de Pasión los circundó, penetrante y devastadora, sus labios se acercaron, mientras la rosa que ella llevaba prendida en su pecho se deshojaba sobre su falda, en ese beso intensamente prolongado, se entregaron, como si hubieran querido disolverse y volar al paraíso en que sumidos anidaban……………………..

 

 

¿O no? ¿Pues eso?