LOS SUEÑOS DE ALEXANDER (9)

 

Para las visitas que reparen en leer estas entradas sobre los sueños de Alexander, es recomendable comenzar por el orden en que numéricamente están establecidas

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*En casa de los Sres. de Ruiz, pasaban los días en la más absoluta monotonía, plenos de un silencio tenso, como si las almas de los que habitan vivieran al acecho de los odios que albergaban, sumergidos en una simulada y engañosa paz, aventurada a cualquier incidente posible, era como respirar de una atmósfera cargada de vapor acumulado, dispuesto a explosionar con la mínima chispa de hostilidad entre ellos, en esa casa encapotada de tinieblas, ya no se dirigían la palabra, evitaban encontrarse como si un temor impidiera el contacto de sus almas inquinas.

*Alexander, sumido en la excelsitud del silencio, especulaba sobre el desconsuelo de su espíritu, como si estuviera en un sumidero donde fueran a yacer todos sus remolinos, lánguido y atacado por la angustia, que por momentos se tornaba violenta, hacia de su sueño un corazón alado y tiránico, como el de el águila al acecho de asaltar su presa, nadie podía llevar desahogo para aquel dolor secreto, sellado en sus labios con el mas absoluto de los silencios.

*! Maldito yo!, por haber dejado que el amor entrara hasta lo mas recóndito de mi, y ahora este amor hace de mi vida, la confusa oscuridad en esta tempestad interna, incendiando la llama de la desesperación, como una erupción hace rojo el azul del cielo.

*La noticia del compromiso de Carolina, lo tenía tan a la deriva, que era como el despertar, mutilado entre los cadáveres de una batalla pérdida, un odio frío le acompañaba ya, como una luz que ilumina en la oscuridad de la noche, a los seres que deambulan entre la línea que divide el bien del mal, su hermosura épica, y admirada por sus fieles seguidores, resentida había perdido el embrujo de imperturbabilidad y, el dominio de sus emociones, ya no sabia sino estar con el alma en un hilo y sufrir.

*La armonía en su vida se fragmentaba como las olas rompen feroces contra un acantilado de rocas, y supo de las largas noches de insomnio, y, el suplicio de la debilitación del padecimiento, la amenaza que se forjaba sobre el vergel de sus sueños, paso a germinar el estandarte de violencia, semejante al torbellino que arrasa la estepa y desentierra las prominencias en su ataque de muerte, esa inquietud enardecía su animo guerrero, anheloso de combatir con sus enemigos, a los que estaba convencido y dispuesto para vencer.

*Las noticias que para Alexander, llegaban con una de las doncellas del servicio, aliada con los jóvenes, fueron incrementándose, ante la angustiosa necesidad de Carolina por informar al ser que amaba, y que confiaba fuera el amparo de sus desdichas, se hicieron diarias a pesar del riesgo de ser descubiertas, meticulosamente la doncella y entrando en pormenores, notificaba con los mas íntimos detalles, la tragedia que se vivía en casa de sus amos,…

 

 

¿O no? ¿Pues eso?