LOS SUEÑOS DE ALEXANDER (3)

 

Para las visitas que reparen en leer estas entradas sobre los sueños de Alexander, es recomendable comenzar por el orden en que numéricamente están establecidas

 

*Para Alexander el silencio de Carolina, era como un requiebro de esperanza, que abría ante sus ojos un paraíso lleno de luminosidad de las más bellas promesas, los días festivos, y ante la mirada atónita de sus epígonos compatriotas, Alexander iba a la iglesia, donde sus genitores no asistían jamás, y eso únicamente para ver de cerca el bello y enigmático rostro de Carolina, y sentir próxima su mirada clara y destellante, como si de dos diamantes sus ojos  se tratara.

*La esperaba a la salida de la pequeña iglesia, para notarla pasar lo mas cercana posible de el, blanca y resplandeciente la seguía con la mirada hasta perderla de vista, le parecía que parte de el se perdía con ella, regresando al parque triste, y taciturno, húmedos los ojos como si hubiese recogido en ellos el roció de una mañana de otoño.

*Pronto aparecieron los terribles problemas que habían de llegar, Don Luís Ruiz, tuvo noción por amigos y las confidencias de la doncella, que acompañaba a Carolina al parque, del Interés del mancebo, y de los esfuerzos que hacía por ser atendido por su hija, y montó en una cólera sofocada y trágica, contra lo que creía un ultraje de aquel rapaz, aquel  plebeyo que osaba encumbrar los ojos hasta la inmaculada belleza de la ultima flor que subsistía en el edén de los  Ruiz, jurando castigarlo rudamente, vengando la afrenta que se hacia a su nombre y a su raza.  

*Una tarde, el sol cayendo en el horizonte desprendiendo sus últimos síntomas de luminosidad, como fatigado de haberlo dado todo durante el dilatado día, facilitaba el paso a la creciente oscuridad, en la ultima revuelta del paseo poblado de sauces, por donde cada tarde emprendía Carolina y su doncella el regreso a su domicilio, detrás de una de las muchas fuentes de que el parque disponía, seis hombres espiaban el paso de las dos mujeres, y otro situado en la distancia se mantenía presto para darles la señal.

*Este ultimo no era otro que el mismísimo Don Luís Ruiz, padre de Carolina, y aquellos otros; viles rufianes contratados suyos, apostados esperando el paso de Alexander, que como era costumbre vendría siguiendo a su hija, tenían orden de embestirlo y asentarle un extremado castigo hasta que su cuerpo quedara malherido y su rostro irreconocible.

*No tardaron en aparecer, Carolina en compañía de la doncella, y guardando la distancia que acostumbraba Alexander caminaba tras ellas, musitándole palabras que brotaban del sentimiento que por ella profesaba, como era costumbre ella fingía no escuchar, sin embargo sonreía, proveyéndole esa luminosidad y brillo a sus ojos que hacia inconfundible la aprobación por los halagos del joven.

*La situación idílica para los planes de Don Luís, acechaba envuelta en la casi ya oscuridad de la tarde desvanecida, tan pronto como pasaron las mujeres, y alcanzando el joven el lugar de ubicación de la fuente, los hombres saltaron sobre el, inmovilizándole de brazos y piernas, comenzando con lo que se les habían encomendado……….

 

¿O no? ¿Pues eso?